EL DOLOR Y LA OSTEOPATÍA

Written by Ángel José Dolón on. Posted in Emociones

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La International Association for the Study of Pain (IASP) define el dolor Como:

Una experiencia sensorial y emocional desagradable asociada con una lesión tisular real o potencial, o que se describe como ocasionada por dicha lesión.

En la medicina tradicional china el dolor es consecuencia del desequilibrio entre el Yin y el Yang (sistemas de estímulo y contención) por causas muy variadas como pueden ser los traumatismos, el cansancio o las emociones entre otras y que origina la obstrucción en la circulación de Qui (energía vital) por los meridianos (canales) dejando de funcionar el cuerpo de modo óptimo y desarrollando el dolor.

Por otro lado en la medicina occidental considera que el dolor no es una experiencia puramente nociva, sino que está integrada por componentes emocionales y subjetivos.

El 70 % de las consultas en osteopatía se deben al dolor, que es como un “timbre de alarma”, un fenómeno natural que es conveniente entender para poder combatir mejor.

El dolor agudo presenta un aspecto negativo y desagradable; parasita el organismo, limita las capacidades físicas y obnubila el espíritu. Cuando se vuelve crónico, perturba la vida profesional y familiar y puede tener trascendencia en el plano psicológico.

En contrapartida, el dolor físico representa un sistema de seguridad que alerta los centros de mandos para detener la máquina y poner en marcha los sistemas de seguridad o solicitar un método terapéutico. Nunca debe ser descuidado ni tratado a la ligera con medidas solo sintomáticas.

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El dolor, por lo general consciente, es sufrido por el paciente y localizado en un lugar definido. A veces es inconsciente, muy débil como para alertar al cerebro pero suficiente como para desequilibrar los sutiles mecanismos de la homeóstasis. Los filamentos nerviosos aprisionados en una cicatriz, una micro-inflamación crónica ocasionada por una disfunción articular, una tensión ligamentaria exagerada y crónica, provocan una continua descarga de influjos nerviosos agotando al fin las bacterias cerebrales.

Es necesario saber interpretar los signos que emite el cuerpo que sufre. Dicho dolor toma a veces caminos desviados, engañosos para el no especialista.

Querer tratar el efecto sin haber tratado previamente la causa es una actitud opuesta a la osteopatía. Despejar el humo o bien encender el fuego, tal es la elección que se nos presenta. La persona sensata elegirá apagar el fuego, en primer término y el humo desaparecerá naturalmente.

Esto no quiere decir que el osteópata no trate de aliviar el dolor pero la investigación de la causa es prioritaria. Ante el dolor, el osteópata se encuentra en la situación de un jugador de ajedrez ante una jugada difícil.

Hay innumerables soluciones, pero solo una es la ganadora. Más a diferencia del jugador de ajedrez que solo tiene como material de investigación su propia inteligencia, el osteópata posee un seguro aliado, el cuerpo de su paciente y sus propios dedos que ven y sienten la más ligera modificación de los tejidos.

El sufrimiento se palpa, las articulaciones falseadas se manifiestan por intermedio de la pérdida de la movilidad, los músculos con espasmos expresan malestar, el razonamiento establece vínculos de causa y efecto.

En la lucha contra el dolor, la osteopatía ocupa un lugar preeminente y es todavía muy poco utilizada.

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