El Dolor Crónico afecta a un 20% de la población mundial. La experiencia de dolor se encuentra, se siente y es diferente para cada persona, el dolor en sí mismo es una respuesta mediada por el cerebro a un estímulo que él detecta como una agresión o amenaza.

A esto se le llama SISTEMA DE ALARMA y sirve para PROTEGERNOS, sin importar el tipo de dolor ni cuanto tiempo dure.

El dolor agudo es común en lesiones tisulares, esto es cuando hay una afectación de algún tejido (muscular, ligamentario, tendinoso, mucosas, étc), no suele ser incapacitante a nivel psicológico, sino que nuestro cerebro sabe que una vez pase podremos volver a nuestras actividades de la vida diaria. Suele perdurar el tiempo que sea necesario para que el tejido en cuestión repare y variará dependiendo del medio en el que se encuentre dicha lesión y del trabajo realizado para ayudar a esas estructuras a su reparación.

Una vez a concluido el período inflamatorio comienzan los mecanismos de reparación que son diferentes para cada tejido y tipo de lesión. Un tejido en reparar puede tardar como mucho 6 meses. Sin embargo, el dolor que continúa produciéndose en el cerebro pasado este tiempo no tiene tanto que ver con cambios o alteraciones a nivel tisular si no con una sensibilización a nivel sistema nervioso, primero periférico, y que si se perpetua en el tiempo, a nivel central. Esto por supuesto tiene un abordaje mas complejo a nivel clínico pero que es mucho mas sencillo cuando el paciente lo comprende.

Un ejemplo sencillo, si tocamos algo muy caliente, la información que le llega al cerebro es esa, algo está demasiado caliente, el cerebro pensará: si esta demasiado caliente puede dañar los tejidos, por lo tanto su respuesta será dolorosa, lo suficientemente dolorosa como para separarnos del foco de calor. El cerebro lo que quiere es protegerte del daño.

En los pacientes de dolor crónico el cerebro interpretara como amenaza y por lo tanto generará dolor, estímulos que en condiciones normales no debería de interpretarlos así. Son varios los factores que pueden estar implicados en esta interpretación errónea de los estímulos.

Desde una visión biopsicosocial y analizando de manera global al paciente, se ha visto que los factores psicológicos juegan un papel muy importante en la perpetuación del dolor. Debemos ser capaces de saber que pensamientos tenemos y como nos influyen en nuestro bienestar.

Aquellas personas que muestran una tendencia a tener pensamientos temerarios o catastróficos tienen mayores probabilidades de padecer o desarrollar dolor crónico.

Cuando las personas percibimos el dolor como una amenaza, tendemos a poner en marcha mecanismos protectores, como puede ser la Hipervigilancia y, a pesar de que muchos de estos mecanismos pueden ser beneficiosos en procesos agudos, en cuadros crónicos se convierte en desadaptativos y cronificadores.

Además de estos factores, con los recientes estudios realizados sobre dolor persistente, se baraja la posibilidad de cambios plásticos a nivel de circuitos cortical-límbicos, en los cuales el dolor persistente se podría definir como “una persistencia de la memoria del dolor y/o la incapacidad de extinguir la memoria del dolor provocada por una lesión incitadora inicial” (apkarian, 2008). Lesión incitadora inicial que bien podía ser una lesión en el tejido pero que ahora ya no existe o no justifica el dolor percibido.

En los cuadros de dolor crónico o persistente suelen darse las siguientes premisas. Seguro que si has sufrido dolor crónico o lo sufren tus pacientes reconocerás estas situaciones.

  • El dolor se va volviendo cada vez más intenso:

Es la estrategia mas obvia que utiliza tu sistema de alarma. La mayoría de los cambios plásticos a nivel periférico que se van a producir tienen como objetivo aumentar la frecuencia de los mensajes de peligro que va a recibir tu cerebro. Por lo tanto, tu cerebro está recibiendo muchos mensajes y más amplificados, lo que generará una mayor respuesta de dolor incluso ante estímulos que en condiciones normales no lo haría.

  • Movimientos incluso pequeños duelen

Esto lo observamos mucho en nuestros pacientes. Refieren dolor al mínimo movimiento de la zona e incluso con solo pensarlo o ver a alguien realizarlo. Se genera MIEDO al movimiento, esto va a evolucionar en un catastrofismo por parte del paciente que renunciará a realizar ciertos movimientos o dejará de realizar ciertas actividades físicas, lo cual agrava el cuadro.

  • El dolor puede ser impredecible

Puede que un día duela y otro no. puede darse un período de latencia antes de que el dolor aparezca después de una actividad. La demora puede ser de unas horas o incluso días.

Esta latencia no se da cuando un tejido está lesionado, pero es una de las características principales de un sistema de alarma sensibilizado.

Es posible identificar sucesos traumáticos físicos y emocionales, incluso aquellos que ocurrieron hace muchos años. Todo esto puede llevar a que tu cerebro estuviera más vigilante frente a una amenaza.

Con todo esto que ya sabemos, podemos decir que, puesto que los tejidos se curan y que tu sistema de alarma ha sufrido cambios para protegerte, ya no son útiles los diagnósticos basados en aquellos procesos que ocurren en los tejidos, como lumbalgia crónica, ciatalgia, fibromialgia, fatiga crónica, etc.

Y qué ocurre cuando este dolor crónico en una zona determinada se perpetua en el tiempo. Pues que los cambios plásticos empiezan también a producirse en el cerebro, a nivel central.

Es fácil encontrarnos con personas que nos dicen:

“el dolor empezó en un lado y ahora está por todas partes”, “me duele donde me toque”

En estos casos el paciente presenta dos características típicas que son la Alodinia y la Hiperalgesia. La alodinia es cuando un estímulo que en condiciones normales no debería causar dolor si que lo hace. Y la hiperalgesia es cuando un estímulo si debe de general dolor, pero este debe de ser mínimo, sin embargo, genera un dolor muy importante. Se ha alargado tanto en el tiempo esta situación que los cambios plásticos a nivel central son tan extensos que la sensibilidad y sensación de agresión se ha amplificado a otras zonas del engrama cerebral sintiendo dolor en muchas partes del cuerpo.

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A esta situación del sistema nervioso se le llama SENSIBILIZACION CENTRAL. Es decir, el dolor va cogiendo protagonismo en el cerebro, cada vez ocupa más áreas de éste.

Esto va a aumentar mucho mas la frustración, el miedo y el catastrofismo por parte del paciente que además tendrá dificultades para su descanso. Los trastornos del sueño son muy frecuentes en estos pacientes. Además, de las altas cargas de medicación que cada vez son menos efectivas y que van sobrecargando aun más al organismo.

Con toda esta situación no es raro encontrar que estos pacientes hayan sido diagnósticados de Fibromialgia, Fatiga crónica, depresión, síndrome metabólico, intestino irritable, etc. así como otras enfermedades o síndromes las cuales no pueden ser apoyadas mediante ninguna prueba diagnóstica complementaria pero que están basadas solamente en los síntomas y estado del paciente.

Y, ¿como podemos revertir esta situación?

Lo primero que debemos hacer es entrenar y educar a nuestro cerebro y esto lo debemos hacer desde un enfoque multifactorial.

Uno de los factores a tener en cuenta está en relación con aquello que rodea al dolor. Para ello debemos ir hacia detrás y ver en que momento nos encontrábamos o que ocurría a nuestro al rededor cuando empezó. En ocasiones podemos encontrar enlaces útiles entre este período y el desencadenamiento de su dolor. Esto puede ser un problema familiar, laboral, exceso de estrés, sobreentrenamientos, enfermedades., etc.

Para muchos pacientes reconocer emociones profundas puede ser parte del proceso de curación.

Esta claro que el dolor puede tener un impacto importante en la vida de las personas y generar un nivel alto de estrés. Es importante detectar este tipo de pensamientos y combatirlos mediante técnicas o actividades destinadas a disminuir la carga de estrés, esto ayudará a mejorar nuestro bienestar emocional y reducir dolor.

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Pero también el estrés puede ser el causante del dolor o de la perpetuación de éste. Pues, aunque bajos niveles de hormonas que son desencadenadas por el estrés como el Cortisol pueden ser beneficiosas en un cuadro agudo, la perpetuación en el tiempo de esta hormona en nuestro sistema sanguíneo puede generarnos problemas sobretodo inflamatorios.

Otro factor muy importante es la dieta y el estilo de vida. Lo que comemos y como vivimos puede estar contribuyendo a sensibilizar nuestro sistema nervioso.

Será importante valorar factores como el tabaco, la nutrición, el sedentarismo, alcohol, etc. si existe un exceso de alguno de ellos, es un buen momento para realizar cambios.

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Por último y no menos importante está la actividad física y la función. A nivel cerebral lo mejor es moverse en niveles cómodos y sin miedo para que el cerebro no se proteja con mas dolor e ir recuperando de forma gradual el estado físico e incluso mejorarlo para evitar recidivas.

COMO PODEMOS AYUDARTE DESDE LA FISIOTERAPIA Y LA OSTEOPATIA

Lo primero es la educación en el dolor, explicar al paciente que es lo que le ocurre, mediante soporte técnico si es necesario, la clave del éxito en estos pacientes es que comprenda lo que le sucede.

Lo siguiente será exposición gradual a la carga en el tejido, entendiendo exposición a la carga, no en términos de actividad física, sino a la carga de estímulos, aquellos gestos, actividades de la vida diaria o incluso técnicas de tratamiento que no se toleran deben ir incorporándose de manera progresiva.

Para lograr todo esto la fisioterapia y la osteopatia podrán ser tu gran aliada puesto que tenemos una amplia variedad de técnicas en terapia manual que podrán ayudarte.

La terapia manual va a tener unos efectos fisiológicos importantes en tu organismo:

  • mejora del drenaje de metabolitos y sustancias proinflamatorias
  • reducción de la rigidez de los tejidos
  • mejora del rango articular y calidad de movimiento
  • mejora en el sistema autónomo simpático con el consiguiente efecto de mejora en la respuesta dolorosa.
  • aumento de la circulación sanguínea de los tejidos musculoesqueléticos.
  • relajación general del sistema nervioso central.

Además tu Fisioterapeuta será vital en el ejercicio terapéutico, monitorizando los ejercicios para su correcta ejecución y aumento progresivo de cargas.