En el artículo publicado anteriormente nos centramos en relación que existe entre las emociones y el dolor a nivel de las vértebras cervicales. En este nuevo artículo vamos a hablar de las emociones relacionadas con las vértebras dorsales y como la osteopatía puede ayudarte a calmar ese dolor y gestionar esas emociones.

Zona dorsal

En anatomía humana, las vértebras torácicas (o vértebras dorsales) son las doce vértebras de la parte central de la columna vertebral. Están a continuación de las cervicales (a la altura de los hombros) y son más gruesas y menos móviles que estas. A ellas les continúan las vértebras lumbares (a la altura de la cintura). Al proceder de la primera vértebra torácica hasta la duodécima, cada una es más voluminosa que la anterior. 

La parte central de la espalda representa la gran región torácica del cuerpo comprendida entre el corazón y las vértebras lumbares. Es una región de culpabilidad emocional y afectiva.

Vértebras Dorsales


D1: la primera vértebra dorsalD1 puede reaccionar fuertemente cuando vas hasta tus límites bien sea en el trabajo, en el deporte, en suma, en todas las situaciones en que vas hasta el final de tus fuerzas mentales, físicas o emocionales. Un mal estado de D1 puede traer dolencias en cualquier parte de tu cuerpo situada entre los codos y la punta de los dedos, así como dificultades respiratorias (tos, asma, etc.) así como un rechazo a tu entorno.

D2: la segunda vértebra dorsal D2 reaccionará fácilmente cuando tu emotividad esté afectada, por ejemplo, cuando acumulas y ahogas tus emociones. Una D2 en mal estado suele estar acompañada de malestar y dolores en el corazón y los órganos que se vinculan a ellos, así como a los pulmones.

D3: la tercera vértebra dorsal D3 está esencialmente relacionada con los pulmones y el pecho. Suele afectar a personas con tendencia a juzgar cualquier persona o situación.

D4: la cuarta vértebra dorsal D4 se refiere a los placeres, a los deseos, a las tentaciones frecuentemente insatisfechos. A veces nuestras esperas son desmesuradas, carecen incluso de realismo y por tanto te afectan al no verlas realizadas. Cuando D4 está afectada, también puede tener una dificultad a nivel cardiovascular, ya que está relacionada con el corazón, siendo de máxima importancia a nivel emocional.

D5: la quinta vértebra dorsal D5 se puede afectar al encontrarte en una situación en que tienes la sensación de perder el control. Se debe observar que el mal estado de D5 frecuentemente está acompañado de diversos malestares afectando el hígado y la circulación sanguínea.

D6: la sexta vértebra dorsal D6, va a reaccionar cuando te críticas y juzgas severamente. Puedes haber sido educado en un entorno muy estricto en el cual los valores y las líneas de conducta debían seguirse al pie de la letra. Una D6 en mal estado se suele acompañar de malestar al nivel del estómago.

D7: la séptima vértebra dorsal D7 reacciona cuando te empujas al límite en las cosas que debes hacer, sin escuchar a tu cuerpo cuando necesita descansar o relajarse.

D8 y D9: las octava y novena vértebra dorsal D8 y D9 se ubican a la altura del diafragma y están estrechamente vinculadas. Por esto, se tratan juntas. Se afectan principalmente cuando vives una inseguridad debido a un miedo de perder el control en una situación o con una persona. Una D8 lastimada puede acompañarse de dolores del diafragma y el bazo (incluyendo los trastornos de la sangre) mientras que D9 en mal estado estará acompañada de alergia o de un mal funcionamiento de las glándulas suprarrenales.

D10: cuando la décima vértebra dorsal D10 está afectada, esto suele reflejar una profunda inseguridad frente a la cual te sientes sin armas, sin recursos. Una D10 en mal estado se acompaña frecuentemente de dolores en los riñones, reconocidos como la sede del miedo.

D11: las anomalías en la onceava vértebra dorsal se hallan también cuando tu sistema nervioso tiene dificultad en funcionar. Las dolencias en la D11 se acompañan frecuentemente de dolores en los riñones, así como de enfermedades de piel (eczema, acné, etc.).

D12: la doceava vértebra dorsal está afectada sobre todo cuando vives en un lugar cerrado. Una afección en el nivel de la D12 se acompaña frecuentemente de males intestinales, dolores en las articulaciones, una circulación linfática deficiente y así a veces afecciones en el aparato urinario y reproductor.

¿Como puede ayudarme la Osteopatía?

En el caso de las molestias a nivel de las vértebras dorsales la manipulación visceral (osteopatía visceral) sería de gran ayuda, ya que como hemos explicado anteriormente la mayoría de las vértebras están relacionadas con algún órgano.

La manipulación visceral está basada en la aplicación especifica de fuerzas manuales suaves que estimulan la movilidad normal, el tono, la circulación y el movimiento de una víscera y sus tejidos conectivos. Estas manipulaciones pueden potencialmente mejorar el funcionamiento de órganos individuales, la función de sistemas de órganos, y la integración estructural de todo el cuerpo.

Además, cabe destacar la conexión nociceptiva (dolor) entre las vísceras y el sistema musculoesquelético, esto es muy importante ya que en ocasiones podemos encontrar un dolor referido de origen visceral que puede provocar un dolor a distancia en un músculo o grupo muscular, como por ejemplo una cefalea, un lumbago, una dorsalgia, etc.

Mediante diferentes técnicas de exploración y diagnóstico osteopático somos capaces de identificar la estructura en disfunción para ofrecer el tratamiento más adecuado en cada caso.

Realizar ejercicio físico también ayuda a prevenir el dolor físico y a rebajar el estrés y la ansiedad que nos lleva a ciertas tensiones que desencadenan en la mayoría de dolencias en nuestra espalda.

Recomendaciones

A continuación, le recomendamos algunos ejercicios de estiramiento para realizar en casa.

Estira por completo los brazos y la espalda moviendo las caderas hacia atrás y arriba dibujando una pirámide. Si sientes mucha tensión en las piernas, dobla las rodillas.

De pie, inhala y sube los brazos. Al exhalar dóblate hacia las piernas. Coge aire y alarga la espalda llevando las manos justo debajo de los hombros y proyectando el pecho hacia delante.

Al inhalar proyecta el pecho hacia delante alargando la espalda y lleva los hombros hacia atrás. Al exhalar lleva el ombligo hacia el techo y redondea la espalda. Estira siempre los brazos.

Sube los brazos alargándolos a ambos costados del tronco e inhala. Al exhalar inclina hacia un lado llevando la mano al suelo. Intenta no doblarte hacia delante y sigue mirando de frente.

Apóyate sobre los isquiones, dobla una pierna colocando el pie al lado de la rodilla contraria. Inhala y crece hacia arriba. Al exhalar gira apoyando la mano por fuera de la rodilla.

Siéntate en una posición cómoda. Inhala y sube los brazos estirando los dos lados de la espalda. Al exhalar gira hacia un lado llevando la mano a la pierna o rodilla contraria.

Tumbada con las rodillas al pecho, exhala y déjalas caer hacia un lado, llevando la mirada, al contrario. Alarga los brazos con las palmas hacia arriba y siente el giro en toda tu columna.

También es de ayuda la respiración diafragmática, os dejamos el enlace de nuestro articulo para que podáis trabajarla.

Y el enlace de YouTube donde encontrareis una selección de música relajante para realizar estos ejercicios.

https://www.youtube.com/channel/UCC_hOWz_uk-BysdDeyJK9qw/featured